CONSTITUCIÓN, LAICIDAD Y EDUCACIÓN PARA LA CIUDADANÍA
Manifiesto del PSOE con motivo del XXVIII aniversario
de la Constitución.
En el año 2006 España conmemora el XXVIII Aniversario de la Constitución
de 1978 que, junto a la Constitución de 1931, representa la más
alta plasmación en la historia del pueblo español de su voluntad
de vivir en un régimen democrático. Se trata, como cada año,
de un acontecimiento que debe llenar de orgullo y satisfacción a los
españoles pues, no en vano, tras la quiebra del régimen republicano
y con él, de la legitimidad democrática, el vivido desde la promulgación
de la Constitución del 78, ha sido el único período constitucional
de normalidad democrática y estabilidad política.
La nuestra es una Norma Fundamental cuya elaboración
estuvo presidida por la voluntad de consenso, concordia y generosidad de todas
las fuerzas políticas llamadas a representar a los ciudadanos en el año
1977 y, en cuya aprobación, jugó un papel esencial el entusiasmo
de un pueblo, el español, ávido de libertad y democracia.
La Constitución de 1978 es una norma básica que garantiza el ejercicio
en igualdad del amplio catálogo de derechos y libertades atribuido a
los ciudadanos y que diseña un marco para la convivencia en paz asegurando
la cohesión y la estabilidad política, social y económica
del país.
Como pone de manifiesto el actual proceso de renovación de nuestro Estado autonómico, en dicho marco de convivencia diseñado por la Norma Fundamental española tiene cabida la articulación de la diversidad territorial que caracteriza a la España plural. Pero, además de dicha diversidad territorial, nuestra Norma básica sienta las bases para el desarrollo de otro tipo de diversidad: el que deriva del libre y plural ejercicio del derecho de libertad de conciencia de todos sus ciudadanos. En un momento como el actual, en el que el fenómeno migratorio está convirtiendo a la sociedad española en una sociedad multicultural, es preciso recordar y reafirmar el valor de un principio constitucional, el de Laicidad, cuya vigencia es esencial para que nos hallemos en grado de revalidar los ya veintiocho años de convivencia en libertad que han conducido a España a un estatus de progreso y estabilidad sin precedentes. Y ello porque la Laicidad se configura como un marco idóneo y una garantía de la libertad de conciencia donde tienen cabida todas las personas con independencia de sus ideas, creencias o convicciones y de su condición personal o social, siendo por ello requisito para la libertad y la igualdad.
Los fundamentalismos monoteístas o religiosos siembran
fronteras entre los ciudadanos. La laicidad es el espacio de Integración.
Sin laicidad no habrían nuevos derechos de ciudadanía, serían
delitos civiles algunas libertades como la interrupción voluntaria del
embarazo, el matrimonio entre personas del mismo sexo,… y dejarían de
ser delitos el maltrato a la mujer, la ablación o la discriminación
por razón de sexo. Sin laicidad sería difícil evitar la
proliferación de conductas nada acordes con la formación de conciencias
libres y críticas y con el cultivo de las virtudes cívicas.
Desde la laicidad se garantiza la convivencia de culturas, ideas y religiones
sin subordinaciones ni preeminencia de creencias, sin imposiciones, sin mediatizar
la voluntad ciudadana, sin subordinar la acción política de las
Instituciones del Estado Social y Democrático de Derecho a ningún
credo o jerarquía religiosa. La Laicidad es garantía para desarrollar
los derechos de ciudadanía ya que el Estado Democrático y la Ley,
así como la soberanía, no obedecen a ningún orden preestablecido
de rango superior, pues la única voluntad y soberanía es la de
la ciudadanía.
Creemos que el respeto a todas las opciones que suscita la
vida personal y social, el respeto de la discrepancia y de la diferencia y la
apreciación de la riqueza de la diversidad de concepciones y valoraciones
son pilares esenciales del entendimiento democrático. Sin embargo, el
cultivo del derecho de libertad de conciencia y la autonomía moral, ideológica
o religiosa de los individuos, debe conciliarse con la potenciación del
mínimo común ético constitucionalmente consagrado integrado
por el conjunto de valores que constituyen las señas de identidad del
Estado Social y Democrático de Derecho: igualdad, libertad, justicia,
pluralismo, dignidad de la persona y derechos fundamentales.
En una sociedad cada vez más plural en la que se hallan en circulación
pluralidad de códigos éticos, fruto, entre otros factores, de
la generalización de los movimientos migratorios, uno de los desafíos
más importantes que se plantean a los poderes públicos tras veintiocho
años de vigencia constitucional, es contribuir a la formación
de “conciencias libres, activas y comprometidas” con el “mínimo común
ético constitucional”, esto es, con el patrimonio común de valores
constitucionalmente consagrado.
Y es en dicho marco donde el legislador democrático ha asumido la parte
de responsabilidad que le corresponde incluyendo en la nueva Ley Orgánica
2/2006, de 3 de mayo, de Educación, la asignatura Educación para
la Ciudadanía y los Derechos Humanos, una materia que trata de dar cumplimiento
al mandato constitucional de promocionar los valores que integran lo que el
ilustre constitucionalista Francisco Tomás y Valiente dio en llamar “ideario
educativo constitucional” recogido en el artículo 27.2 de la Norma Suprema.
La Constitución española del 78 no diseña una enseñanza
valorativamente neutral sino que hace pivotar el sistema educativo sobre el
deber de trasmitir y promocionar el respeto a los principios democráticos
de convivencia y a los derechos y libertades fundamentales como el modo más
adecuado para consolidar y perpetuar la vigencia del propio régimen constitucional
y la convivencia de todos.
En el vigésimo octavo aniversario de la Constitución española
de 1978, los socialistas queremos manifestar nuestro compromiso con el fomento
inobjetable de la ciudadanía como eje de la democracia y por ello nos
congratulamos de la creación de una nueva materia curricular que no hará
sino fortalecer dicho valor.